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Narrativa

Tan real como la ficción.


Lo que les relataré sucedió antes de que me despertaran y pudiera desahogarme. Tenía que decir todo lo que quería decir de ese irrespetuoso. El muy desgraciado que me había “levantado la mano”, como para que me fuera al diablo.  Su insubordinación me hizo quedar mal delante de todos.
El muy estúpido se le ocurrió comentar cosas, de las cuales se le habían instruido que no hablara. Desde arriba de la compañía le habían dicho que no tratara esos temas sensibles. Lo peor de todo, yo mismo le había dado las lineas que debía leer.
El muy desgraciado, -y me excusan- comprometió todo mi liderazgo y eso se paga con sangre. No supo en el menudo lío que se había metido, -si quieren no me excusen nada- ese hijo de la gran pu*a.
Eso no se podía quedar así, era mi deber poner un ejemplo, y lo iba a poner, porque desde mis entrañas algo me decía que ese “mierda”, no era nadie para querer desafiarme o mandarme a ningún lado, y menos al diablo.
A caso, ¿ No sabia el que yo soy el mismísimo diablo? A caso, ¿No estaba enterado el, que cuando la gente choca conmigo me los llevo por delante? Me hervía la sangre, sentía como la ira tomaba control sobre todo mi ser.
Lo mandé a llamar, y en cuanto lo tuve en frente, lo tomé por entre los dos pelos que tenia al borde de su cabeza calva, arrojándole al piso, y lo pateé hasta partirle la cara, la cara… -excusen si pueden-  … su malditísima cara.
No pensaba en nada más que matar al desgraciado, porque cuando yo hablo, la gente tiene que escuchar lo que digo.  “Aquí yo soy la autoridad”, le decía una y otra vez… una y otra vez…-es más no me excusen- una y otra maldita vez. No tuve compasión de ese….
Su sangre brotaba y parecía que salía de todas partes.
Primero de su nariz y luego de su boca.
De tanto golpearlo contra el piso, también comenzaba a sangrar por la cabeza.
El muy pendejo ni se defendió. Solo se cubrió como pudo, hasta que quedó inmóvil.
Nadie me pasa por encima, ni por el medio, ni el, ni nadie.. a mi no, no señor.
Con tanto tumulto, se aglomeró la gente colocándoseme en frente, viendo todo el espectáculo. Pero de todo esto me daría cuenta hasta más tarde, porque mientras lo golpeaba, una y otra vez, una y otra vez, una y otra, – ustedes saben, malditísima vez- no podía escuchar, ni sentir, ni pensar nada excepto que ese hijo e…   su madre
supiera que yo era el jefe… y a mi había que escucharme.
El muy puerco, en eso se había convertido en mi cabeza, había quedado embarrado en el suelo, ya no gritaba, ni se defendía, ni nada. Yo por mi parte, solo transpiraba, inspiraba y exhalaba. Le había demostrado lo que es un hombre de verdad. Le había enseñado quien manda.
Lo había rebajado a una posición de sanguijuela.   A ese gusanillo…  Ja!
…lo pisé yo.
Poco a poco volvía mi conciencia. Las gentes me parecían ahora más visibles, podía reconocer las caras de los que estaban allí, terminaron de aparecer ante mi, dejando atrás su anterior estado de invisibilidad.
Mis pies, mis manos, estaban totalmente cansados, mis puños dolían como el infierno.. y es que en verdad creo, lo mandé al infierno.
Nadie gritaba, ni se emocionaba, ni decía malas palabras, solo estaban allí, algunos con las cabezas hacia abajo, juntando sus manos  como quien fuera a orar  por el que yo recién terminaba de poner en su lugar, en el diablo…. -y les pido que si pueden me excusen- al mismísimo diablo donde el me quería meter a mi.
No podían quedarse estáticos…  estaban todos nerviosos, esperaban que yo les dijera algo, que declarará que se iba a hacer con el, ahora que ya había trapeado el suelo con el, ellos tenían necesidad de saber como se haría ahora con su memoria, al fin y al cabo el hombre que habían visto irrespetarme era su compañero.
Al igual que el, ellos habían jurado por la compañía…. pero ya no había nada que pudiera hacerse… nadie se burla del mi.. y punto.
Si por mi fuera, su sangre y su cuerpo podía exhibirse en cada rincón de aquel lugar.
“Tienen que obedecerme, les decía una y otra vez.. .de esto aquí… sé yo.
Si murió, que lo entierren,  ya no podrá hacer lo que le da la gana”.
Me limpiaba las manos contra mis ropas blancas, que ahora deberían estar manchadas con la sangre de ese individuo, cual Pollock.
“Aquí  se impone el orden, mi orden. La gente no se atreverá a pasarme por arriba -me decía hacia mis adentros con una sonrisa en el rostro- , ni por el medio.
¡Ahora sí! Me tenían miedo… el poder estaba de vuelta en mis manos. Levantaba mi cabeza en alto, orgulloso porque había impuesto el ejemplo…  -y ustedes me excusan- pero coño coñin…. como un león en la selva… ese era yo.. aquí voy yo de salida.
En ese momento un par de los lambiscones, de los que siempre aparecen, se apresuraban a abrirme paso y guiarme a la salida.. a mí el “papaupa”, cuando de momento alguien aún más irrespetuoso que el mismo del que les hablo, me tocaba la túnica y me dice:
Reverendísimo, reverendísimo,  despierte es su turno de dirigirse a la congregación.
Entonces, al volver en mí sucedió: Me desahogué.

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About redbarcheta1

Dany Brown, Santo Domingo, D.N. República Dominicana. Desde el 2004 labora para el Ministerio de Cultura (MC) como profesor de Historia de las bellas artes, en la Escuela Nacional de Artes Visuales.(ENAV) A partir del 2005 es incorporado al Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCYT), como asistente académico y administrativo. Es miembro de varios grupos socio-culturales y deportivos, entre estos Kiskeya Libre, Taller Narradores de Santo Domingo, y Cicloruta Dominicana.

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