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Narrativa

Teatro del mal ver.2


Contrato.

El teatro del mal es un espacio en el que un objeto será explorado, examinado, juzgado, burlado si se quiere, por uno o varios sujetos quienes por motus propius, han aceptado entrar. A este o estos se les llamará convenientemente expectador(es).

Una vez dentro, deberá o deberán dejar sus voluntades, dejarse llevar por su o sus sentidos para ser parte del mismo objeto, someterse al rigor de su propia evaluación y descubrir: Cuando nace la maldad? Por qué dejan de ser las personas inocentes? Sobre todo saber el propio nivel de ingenuidad.

Al firmar sobre la línea punteada, aceptarás perder todo derecho sobre tu alma excepto el que se otorga (expectador(es) ) y bajo ninguna circunstancia se podrá mostrar fe o esperanza.

La no observancia de esta única cláusula anulará definitivamente el contrato, sometiendose a la penalidad expresada en letras pequeñas al final de esta hoja*.

————————————————.

*: **

Te marchaste caminando sobre el humo, sostenido de las llamas con la mirada perdida. Tus sentimientos de frustración se desvanecieron.

Sin fe, anhelos, o devoción habías pactado con tu vida descifrar aquel misterio. Descubrir el secreto de la inocencia dormida en cada uno de los hombres. Pensaste equivocadamente que al hacerlo te descubrirías feliz y repleto de gozo.

Toda tu vida la dedicaste a perseguir el origen del mal en el corazón de la gente, y te preguntabas por qué. Por qué perdían su ternura y se encerraban en los rincones oscuros de la maldad. Cual o cuales sucesos los llevaba a descubrir que detrás de “la luna” existía un lado oscuro. Que relámpagos del averno nos iluminaba el camino a la perdición.

Y mientras más cerca estabas, la lucidez en ti se hacía evidente, en tu cara el paso del tiempo era un reloj casi preciso, mientras tu cabellera se asemejaba al Moisés del divino. Tus ojos buenos, perdidos en el horizonte revelaban que tu experiencia era basta y estabas cerca de perder toda maldad, y entonces sería revelado el secreto.

Y conforme a tu deseo, te hiciste crédulo, blando, sabio, por lo que aquella seria tu ultima noche y según tu parecer el principio de una nueva vida de paz y gozo eterno. ¡Nada menos cierto!

Allí sentado en la espesa oscuridad, entre el olor del dulce y tela enmohecida, se desprendió la conciencia de tu alma frente a la pantalla en aquel teatro, en medio del mágico momento en que la ternura de una niña era violentada.

Aquella inocente que en la pantalla y desde su cama miraba con ojos plenos la pared, conoció el horror observando las terribles sombras de lo que parecía ser una bestia salvaje, aterradora y peluda.

La niña creía gritar. El miedo la inmovilizaba. Con terror cubría sus ojos. Sus pequeñas manos se convertían en el muro que detendría aquel feroz animal, y por cuyas rendijas vigilaba con gran impotencia, pues veía al monstruo, mientras al extremo de la habitación ardía un viejo candelabro de siete velas.

Nadie la rescataría, se pensó sola, desamparada en casa. Su voz nunca paso las fronteras de aquella ridícula habitación, tampoco las paredes que conformaban sus manos, con las que ya se cubría el rostro, la boca, o su vibrante ingenuidad.

En la misma escena, y al otro lado de la pared en la que se movía tembloroso ese espectro, descansaba el padre de ella con el sueño ligero, medio durmiendo, medio despierto, casi expectante a su llamado. Pero la niña pretendía gritar, al momento en que todo se iba haciendo inmóvil, deteniendo la escena como una fotografía “noir” en una película de Buñuel.

Las luces eran muy blancas, brillantes. Las sombras acentuaban el drama, los gritos sin fuerzas, vacíos, declaraban la escena muda y sonora a la vez, frente a ti el único observador.

Tu admirado, pensativo, viendo las siete lámparas arder, creíste haber encontrado lo que nadie jamás. El secreto guardado sólo para los sabios, o los santos, el misterio de la inocencia humana. Pero la pregunta sería eterna. Nadie sabría de tu hallazgo.

Tuviste fe! Creíste firmemente que aquella era tu respuesta. Así que justo cuando el misterio de las velas estaba apunto de ser develado, te diste cuenta que la sombra tomaba la pantalla, que ya no era la película, ni la noche. Fue entonces cuando recordaste que estabas en el cine de las penumbras, el teatro del mal, al que habías accedido a entrar como parte del arreglo que ahora Mefísto anulaba.

Te había engañado el viejo diablo. Quisiste protestar, pero el pacto concluía que bajo ninguna circunstancia debías tener fe.

En aquel momento se escucho una fuerte brisa, alguien te sopló la vida, se apagaron tus ojos, y nadie jamás logró descifrar el misterio de las siete velas que ahora estaban apagadas junto a un oso de peluche en la habitación de la inocencia dormida.

**Perderás todos tus derechos, tu inocencia, tu vida.

About redbarcheta1

Dany Brown, Santo Domingo, D.N. República Dominicana. Desde el 2004 labora para el Ministerio de Cultura (MC) como profesor de Historia de las bellas artes, en la Escuela Nacional de Artes Visuales.(ENAV) A partir del 2005 es incorporado al Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCYT), como asistente académico y administrativo. Es miembro de varios grupos socio-culturales y deportivos, entre estos Kiskeya Libre, Taller Narradores de Santo Domingo, y Cicloruta Dominicana.

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