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Narrativa, Uncategorized

Muchachos buenos.


A Tamy, quien aun disfruta de nuestras vivencias juveniles.

 


Eramos dos chicos buenos Emilio y yo. Jugabamos al trucamelo, la cantarita, la botellita, o cualquier otro juego que se nos ocurriera. Cada tarde despues de la escuela, haciamos rapidamente nuestras asignaciones para salir corriendo al encuentro del otro.  Salíamos para entregarnos sin mesuras a los servicios del ocio.

Recuerdo que aquel dia debio haber sido en particular aburrido, pues nos habiamos sentado en la acera, debajo del almendro frente a la casa de la vieja chismosa del barrio.Nos mirábamos la cara el uno al otro, sosteniendo la cabeza con las manos, mientras la expresión en nuestros rostros era la de aquellos que le deben y no le pagan.

Parecía no haber nada divertido, cuando una voz aguda, irritante y autoritaria irrumpio gritando: Daviiiiiiid!. Era la voz de mi madre, llamo para que fuese a comprar el pan de la cena. A Emilio se le iluninaron los ojos, a mi se me acelero el corazon, y sali corriendo a su llamado.

Emilio sabia que ir a la panadería, seria toda una aventura. De modo que en lo que me entregaban el mandado, fue a su casa para que a el tambien le enviaran a comprar el pan.

No se perderia la oportunidad de caminar con su mejor amigo, su hermano, como aun dice el.

Asi que, nos reunimos, y empezamos a caminar desde el borde del rio, donde viviamos, hacia la autopista, una vez en ella, derecho hasta la panaderia.

Ya en el camino, las sonrisas, y los cuentos, eran inumerables. Emilio no perdia la oportunidad de demostrar su hombria con las muchachas, yo no perdia la oportunidad de ver como lo rechazaban. Sin embargo, esa tarde de piropos nos marcaria por siempre.

-No hay nada mejor que un reto, para sacar el valor, dijo Emilio, mientras se acercaban dos voluptuosas jovenes.

Me clavo los ojos, se sonrio y dijo: -observe bien lo que hace un hombre de verdad.  Abri los ojos como dos huevos hervidos, mi corazon, palpitaba de miedo, y mientra las jovenes pasaban a nuestro lado, el muy audaz, levanto un brazo y con un swing que no puedo describir, llevo su mano hacia detrás,  abrio grande los dedos sobre las partes mas redondas y bien formadas de una de ellas, y con lo que parecio una maligna intención, la apreto con un gusto que le hizo salivar.

Yo, di un paso hacia adelante queriendo correr, pero, fue extrano, las chicas no se inmutaron, es mas, la supuesta agraviada lanzo una mirada hacia atras como de complasencia, y nos regalo una sonrisa, algo que con buena razón fue como un soplido que le hincho en pecho a mi amigo. Yo estaba sorprendido, no, absorto.

Como era esto posible?

Wow!!  Tu eres mi heroe, le dije. Y el aun orondo y sonriente contesta: – Tu tienes que aprender a ser un vacano como yo, te voy a ensenar, chequea de nuevo…

Emilio, repitio varias veces el acto, y cada vez me parecia mas ilusorio, mi miedo era terrible, y me rehusaba a realizar dicho acto.

El a sabiendas de mis incapasidades, me reto poniendo en juego nuestra amistad. Sabia bien que para mi nada valia mas que eso, que seria dificil decir que no.

Accedi al reto, pero yo dudaba de mi, se me helaban las manos. Las muchachas pasaban como en pasarela, y yo no me decidia, de modo que Emilio se desespero.

-Si no se lo agarras a esa, usted no sera mas mi amigo, se pronuncio con cara de enfado, aun cuando yo intuía que no estaba hablando en serio.

De cualquier manera, se aproximaban dos mujeres jovenes, muy alegres, venian conversando. Emilio estaba a mi izquierda, y ellas cruzaron por mi derecha.

En ese momento se produjo un gran silencio entre nosotros. Parecia uno de esos momentos en camara lenta, lo mire con duda, el se sonrio y asintio con la cabeza, dejandome entender que habia llegado el momento. Respire profundo, levante el brazo, y con una decidida intencion de atrapar esas masas danzantes, las deje caer sobre las nalgas de aquella desconocida.

Aun recuerdo el sonido de mi mano en su acolchado trasero, fue como el de un aplauso, o una cachetada, un sonido disperso, llano, y fascinante. Senti como mis dedos rebotaron ligeramente a unos milimetros de sus musculos, entonces los cerre, con una fuerte presion, con la que aquellas gelatinosas carnes envueltas en faldas, se quedaron atrapadas entre mi metacarpio y los falanges, escurriendose jugosas en ese breve, pero intenso segundo.

El grito fue desesperado, no supe si de dolor, orgullo herido, o excitacion, quien sabe si las tres. Lo que si supe fue que el conazo y los demas improperios que emitio aquella joven eran de rabia, lo que probablemente quebro cualquier pizca poetica que pudo haber en aquel acto desesperado de aprobación.

Emilio, con una risa frenética, fue el primero en huir, los nervios me traicionaron y no hubo reaccion de mis piernas hasta que mis ojos aclararon el enfado en los rostros de aquellas mujeres.

Entonces nos persiguieron por todo el barrio. Corrimos como locos, siempre delante y ellas en todo momento tras nosotros.

Rodamos de aqui hacia alla, Emilio solo se reia, yo estaba furioso; solo pensaba en los problemas en los que me meteria si nos atrapaban, y en la situacion que me habria evitado si no me hubiese llevado de el. Aquel circo prosiguio por unos 55 minutos, tiempo que era mas que suficiente para haber ido y regresado de la panaderia con la encomienda. Nada mas pensaba en la desesperacion de mi mama, y en la correa de mi papa.

Aquellas mujeres no tenian intencion de rendirse, asi que Emilio y yo, nos ocultamos debajo de las escaleras de unos viejos y oscuros edificios. Decidimos esperar alli, hasta que la noche nos encubriera. Desde nuestro escondite las vimos pasar varias veces, acompanadasa de una turba y escoltadas por un policia de trafico.

Emilio no controlaba la risa, y yo no entendía  que salio mal. En mi mente me preguntaba por que a el le daban miradas y sonrisas, mientras a mi me perseguian.

Tras unos minutos para quiso controlarse, me explico con cara de seriedad que habia apretado muy duro, pero que va, las risas lo llevaron al suelo. Ya me estaba encolerizando, ya casi encima de el para golpearlo, cuando desembucho la verdad; mi hermano, es que tu no te diste cuenta…

…Yo nunca les llegue a agarrar las masas, solo hice creer, para ver si tu eras capaz. Continuo riendo ahora con menos emocion, y a mi no me quedo de otra que reirme con el, despues de todo, yo si se que las agarre.

Mas tarde, luego que no hubo rastros de las pobres victimas, fuimos a la panaderia, y regresamos a nuestras casas, donde ya nos estaban haciendo guardia.

Cuando mi mama me pregunto si era haciendo el pan que estaba, en mi interior pense, no mami, estaba con las manos en la masa.

Así sucedió todo, una tarde aburrida que se convirtió en un mito familiar, una aventura que solo sucede cuando se es un muchacho bueno, como lo eramos Emilio y yo.

About redbarcheta1

Dany Brown, Santo Domingo, D.N. República Dominicana. Desde el 2004 labora para el Ministerio de Cultura (MC) como profesor de Historia de las bellas artes, en la Escuela Nacional de Artes Visuales.(ENAV) A partir del 2005 es incorporado al Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCYT), como asistente académico y administrativo. Es miembro de varios grupos socio-culturales y deportivos, entre estos Kiskeya Libre, Taller Narradores de Santo Domingo, y Cicloruta Dominicana.

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